Para Leonel y Radhamés en el Listín
20.Marzo.07
Por: Angel Lockward
La teoría política acepta que la Ley, es una institución, incluso cuando no proviene regularmente de un proceso normativo como el francés, sino evolutivo, como el inglés y destaca como rasgos característicos de ella, sea formal o no, que trascienda en el conjunto de interacciones de la sociedad, que tenga cierta estabilidad en el tiempo, afecta el comportamiento individual y, cuando se trata de organizaciones, que sus miembros tengan ciertos valores compartidos. La pregunta que podríamos hacer a Guy Peters, J. P. Colomar y otros institucionalistas de la teoría política es ¿puede un hombre convertirse en una institución?
Hay individuos que durante décadas han luchado por determinados valores, como la libertad, la igualdad y la información, con una rutina impecable, tan estable e importante, que todo el mundo sabe a qué hora buscarlos y en dónde: Por ejemplo, todo dominicano amenazado sabe que puede buscar a Radhamés Gómez Pepín a las cinco de la mañana en su oficina de El Nacional, desde allí, él defiende valores e informa.
Otros, mucho más jóvenes, a esa hora duermen o están de vacaciones. Si el trabajo es una institución fundamental del hombre, éste, es un buen ejemplo: Trabaja, no porque lo necesite para vivir, pues podría estar felizmente pensionado, lo hace porque es su manera de ser útil, aún a su edad y todavía lo hace con coraje y gusto.
Si el sentido de servicio y el ejemplo se aceptan como rasgos deseables en la sociedad, es difícil encontrar a un ciudadano con hoja de servicios más amplia en el país; si la integridad define una norma moral institucional elevada para la nación de incidencia capital en la conducta de otros, sin dudas, Radhamés, que no se dedica al magisterio, ha enseñado más que la mayoría de los maestros, porque si bien su carácter es parco, casi reservado y ácidas sus expresiones, educa con su ejemplo.
Este periodista, agridulce y ácido, se ha hecho amar y respetar a través del tiempo a pesar de su mal genio y tosquedad, porque en la vida, todo, no son las formas, hay que tener, en el fondo, valores que sustenten la actuación: Más de uno deben su vida a Radhamés, muchos, deben su honor y libertad, y la sociedad, escasa de ejemplos, tiene en él a uno bueno, al que todos rinden tributo en silencio, porque encima de todo, el malvado, es terriblemente modesto.
No practica la mansa diplomática, ni dispone del tiempo para oír a las nuevas generaciones teorizar, como Rafael Herrera. Éste, las recibe, con poco tiempo, con llaneza campechana: dime, ajá, vete, que tengo trabajo. Pero nadie sale de su despacho sin la certeza de que si su causa es justa, encontró un adalid.
Su pluma ha creado un estilo de comunicación. Sencillo, breve y particularmente acucioso; su genio ha hecho de un periódico fuera de la tradición y el mercado, el diario político de más influencia política y uno de los dos medios más importantes del país y, sin lugar a dudas, el más rentable. El resto del staff queda obligado en su rutina de trabajo por un jodido viejo, que llueve, truene o ventee llega a las 5:00 a.m. y comienza a teclear.
Maldito el ruido de un hombre que trabaja en los oídos del haragán; sus colaboradores quedan constreñidos también por su estilo sencillo: mangas cortas, nada de gemelos, a veces chancletas, vaqueros sencillos y nada de peluqueros caros, que eso, en su tiempo, era para maricas, aunque con el progreso, la sociedad gay, se haya ganado su espacio.
En una nación de escasos ejemplos de trabajo, Gómez Pepín, es casi único y ningún gobierno lo ha destacado como merece: Leonel quien siempre que puede exalta a nuestros artistas, deportistas, hombres de letras y jóvenes, tiene en él una buena oportunidad de honrar la integridad, el trabajo y el talento. Ahora, no en el Día del Periodista, ocasión en que todo se confunde y se juntan mansos y cimarrones.
Condecorar a Radhamés Gómez Pepín, con la más alta distinción por su nobleza, dedicación y valor es indicarle a los jóvenes un modelo a seguir y reiterar a los maduros: hay patria porque aún tenemos ciudadanos virtuosos.
He escrito toda mi vida, pero esta es la primera vez que lo hago, exclusivamente, para destacar las condiciones de una persona, porque creo que el país, afectado de haraganería y facilismo crónico, necesita de ejemplos como el de Radhamés.
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